lunes, 14 de enero de 2008

Los rehenes de Castro



José de Lascurain , argentino amigo de Cuba

BUENOS AIRES, Argentina, (www.cubanet.org) -Aquí en la Argentina nada se ha escuchado o leído más del tema de la Dra. Hilda Molina y la autorización que debe otorgar el gobierno cubano para que salga del país a conocer a sus nietos sudamericanos.

Días antes de que Fidel sufriese la primer estocada de su demasiado lento camino hacia una muerta esperada, en la misma Alta Gracia, Provincia de Córdoba, el Canciller argentino entregaba a su colega cubano – dicen que casi a la fuerza – una carta oficial donde se reclamaba una solución pronta del tema.

Todos los periódicos del país se hicieron eco del asunto y, en casi todos los artículos publicados, se mencionaba la particularidad de que un documento de ese tipo debía ser contestado, según las normas internacionales, en un plazo no mayor de 15 días.
Jamás fue respondido.

El gobierno argentino guardó religioso silencio hasta el día de hoy al respecto, y nada más hizo en forma pública ni para protestar por la respuesta no recibida, ni para insistir en lograr su propósito de que se permita a Molina y su anciana madre viajar a Buenos Aires.

Mientras tanto, al son de las fanfarrias de Hugo Chávez y secundando una orquestada campaña de publicidad tanto para su bolivariano gobierno como para la organización terrorista FARC, nuestro ex - presidente viajó a la selva colombiana acompañando al hombre quien, con su chorro de petrodólares, lo ayudó a sanear su Tesoro Público mediante compras multimillonarias de bonos de la deuda, y a quien facilitó un estadio de football para que realizara, como Pedro por su casa, un acto público “contra el Imperio”.

Sin lugar a dudas, molestar a Castro es molestar a Chávez, cosa impensada e imposible para Néstor Kirchner y su mujer, la ahora Presidenta de la República, la misma que en su discurso de Asunción de Mando pidió por la libertad de Ingrid Betancourt y olvidó pedir por otras rehenes que la tocan más de cerca: Hilda y su mamá.

Cristina Fernández sabe más que bien que Hilda Molina, su madre, y el resto de los cubanos no son otra cosa que eso: rehenes de un régimen nefasto e inhumano.

¿Cuál es la diferencia entre ellos y los de la FARC? ¿Qué no duermen bajo los árboles en medio de la selva?

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