domingo, 11 de mayo de 2008

POLÍTICA, El dedo sobre la llaga, Francisco Chaviano González.

Asociación Pro Libertad de Prensa

A poco de concluir la primera reunión de La Agenda para la Transición, amigos de aquí y de allá comenzaron a criticar una presunta disposición nuestra para el diálogo. Aún cuando este tema quedó pospuesto para un próximo encuentro. Realmente el asunto resulta escabroso, aunque no debiera serlo. Fidel Castro se ocupó de hacernos difícil tal determinación. Sea como fuere tendremos que enfrentarlo y llegar a un consenso. Este pudiera coincidir o no con nuestro punto de vista, pero por sobre toda las cosas merecerá respeto.

A principios de los años 90 el diálogo ganó en esplendor y relevancia al erigirse como la piedra angular del cambio en Europa del Este. Por entonces, una buena parte de la incipiente disidencia albergó en él alguna esperanza para poner fin a este régimen diabólico. Yo fui uno de aquellos y tuve que pagar un alto precio por mi pretensión. El Comandante vio la posibilidad real de que por esa brecha, se diera al traste con su imperio del mal. Así, decidió adelantarse a los acontecimientos y taponar el hueco antes de que se abriera realmente. Primero, purgó sus filas, donde el caso Ochoa fue el más relevante entre los propensos al diálogo que fueron defenestrados. Luego, arremetió contra nosotros.

El más alto nivel de dirección del gobierno necesitó un chivo expiatorio para dar un golpe demoledor contra la oposición, y me escogieron a mí. Las cosas fueron como las cuento en forma compendiada: A mediados de1993, reclutan al ingeniero Serafín Sarduy Quesada (Pupy),– miembro del ejecutivo del Consejo Nacional por los Derechos Civiles en Cuba que yo presidía – para un supuesto grupo de altos funcionarios fundado por Ochoa y que dirigidos por Carlos Lage Dávila, deseaban promover un cambio similar al ocurrido en Europa del Este. Para dar credibilidad a su empeño, se personó en la casa de contacto para que viéramos al vicepresidente Lage.

En el andamiaje montado, Sarduy Quesada llevaría un mensaje a la Fundación Nacional Cubano Americana y evidentemente era la carnada para que yo mordiera. Así fue, solicité un contacto que fue rechazado pero en su lugar comenzaron a enviarme información confiable a través de Pupy. Una evidente maniobra para acercárseme y ganar en credibilidad. Un día de febrero de 1994 me citaron para hablar. Recuerdo que hice todo un panegírico a favor de ellos y entre otras cosas, dije: “…estoy muy contento con la existencia de este grupo que abre una posibilidad real de resolver el problema de Cuba entre cubanos, Norteamérica es nuestro amigo y vecino más allegado, pero solo eso y para que quede clara esta condición, es mejor que nuestro dilema se resuelva entre cubanos”

Nuestro anfitrión, un Coronel del DGI que se presentó como relaciones públicas del supuesto grupo, me interrumpió para decirme:
-Chaviano, todo eso es muy bonito pero hay que ser prácticos; nosotros necesitamos la ayuda de los americanos porque junto con el General Ochoa, nuestro fundador, perdimos mucha fuerza, tenemos gente nuestra en algunos puestos claves para tomar el poder, pero nos faltan otros y para controlarlos necesitamos: dinero, para sobornarlos; sistemas de escucha, cámaras paratonto y microfilms para conocerles cosas comprometedoras que sirvan para chantajearles; pero hay quienes ni así se pliegan y en esos casos hay que eliminarlos, por lo que necesitamos pistolas con silenciador.

Me quedé pasmado con tales planteamientos para los que no estaba ni remotamente preparado. Nos fuimos en silencio, no mordí aquel anzuelo y nunca volví al lugar. Los norteamericanos tampoco mordieron y todo se ralentizó, en el fracaso de su operación “Envolvencia” (llamémosle así). Pero supongamos lo contrario: ¿Qué habría pasado, si hubieran logrado sus objetivos? Me habrían detenido con una fuerte suma de dinero, los citados equipos de espionaje y armas. Además saldría a relucir la CIA y la FNCA. Presentarían las cosas invertidas. Su provocación devendría en acción nuestra de reclutamiento. Pondrían sus palabras en mi boca, con todo un plan para asesinar a los líderes de la revolución y tomar el poder. Todo eso ejecutado por los dialogueros, habría sido elemento suficiente para acabar con la oposición. A mi me habrían fusilado.

Pocos meses después me encarcelaron utilizando una alternativa recurrente y tuve que cumplir poco más de 13 años (la condena más larga extinguida por activismo de Derechos Humanos en América). Tal vez una represalia rencorosa por el fracaso de sus planes. Mi familia y yo hemos tenido que purgar el calvario que nos prometieron, he vivido y visto, como utilizan la provocación, para neutralizar a los posibles potenciales de acción opositora y aunque el método resulta sumamente trillado, no deja de ser efectivo. Ejemplo de ello es la división en nuestras filas, tanto en Cuba como en el exilio; la polarización de extremos inflexibles (están creando una extrema izquierda de nuevo tipo); y la propia negativa a ultranzas al diálogo.

En un artículo muy oportuno del compatriota (El Coco) Fariñas, describe como una de las principales encomiendas que tenían los agentes de Castro era: la manipulación de celos, rumores, malos entendidos y calumnias. Todo para que dentro de los disidentes no se consolide una unidad de acción. Mantener la desconfianza entre sus opositores, es la esencia de la victoria comunista. El consenso aunque fuere de una pobre idea, es mucho más valioso que la disensión con brillantes argumentos. No necesitamos de críticas cáusticas, ni del ascetismo opositor intransigente para justificar la desunión. Estos favorecen la división y con ello a la tiranía. Los verdaderos patriotas colaboran para juntar voluntades por sobre todas las cosas.

El mayor enemigo del diálogo se llama Fidel Castro. Nunca lo ha permitido. El único que tiene derecho a hablar es él. A los demás les toca obedecer y repetir lo que dice. Para nosotros en cambio, el diálogo debe ser piedra angular, porque es elemento imprescindible de la democracia. Hay que conversar y ser flexible, entre nosotros para poder ponernos de acuerdo. Ya acá damos los primeros pasos en la Agenda para la Transición. En el exilio debían hacer lo mismo, para formar algo parecido a dos cámaras. Los de aquí y los de allá. No coincidirán en todo porque vivimos mundos diferentes. Pero sentará las bases para conciliar posiciones comunes.

Si tomáramos como premisa aquello de que “la política es el arte de lo posible,” entonces no tendría caso detenerse a pensar en posibilidad alguna de dialogar con los Castro. Ellos no lo aceptarán nunca. Si hablan de acceder al mismo, habrá que pensar en trampas y engaños. Esta es la impronta que les caracteriza. Tampoco es aconsejable prestar oído a ningún plan para deponer al régimen, porque la posibilidad de que sea una provocación es demasiado grande. Pero no se debe cerrar definitivamente esa puerta, se estaría coartando una posibilidad de cambio.

Siendo así, considero que nuestra postura debe ser la de no entrar en contubernios ocultos con nadie. Ajustarnos a que nuestra labor queda restringida al marco de la acción cívica de preparar al pueblo para la transición y movilizarlo para presionar en favor del CAMBIO. Declarar además, pública y abiertamente, que reconoceremos los derechos a participar en el gobierno de transición con arreglo a la importancia de su contribución, a cualquier persona – sin exclusión de ningún tipo –
si contribuye al cambio hacia la democracia.

Jaimanitas, 06/05/2008
chaviglez@yahoo.com

Nota del editor: Francisco Chaviano González, se desempeña en la actualidad como Coordinador General interino de la Unidad Liberal Nacional de Cuba

No hay comentarios: